domingo 6 de julio de 2008

Las cosas más pequeñitas


Después de un año grande y escarpado, llenos de altos y profundos altibajos, después de grandes retos, grandes aspiraciones, enormes proyectos -sí, sí, muy enormes- y de, en definitiva, toda clase de grandezas propias de estas fechas en las que, hata ayer mismo, me andaba situando... después de lidiar con grandes toros con grandes cornamentas, que te podían dar por aquí o por allá, olvidar y conocer a grandes personas, dejar grandes costumbres por el camino y hacerme yo mismo más grande...

Es hora de descansar.


Y me merezco un verano, sí, de las cosas más pequeñitas. De dormir y playa, descanso, gazpacho, sardinas y terral. De un poquito de deporte, algo de guitarra y mucho de mis amigos de siempre. Sus pequeños detalles me faltan, me han faltado, quiero sus cosas pequeñitas. Deseo volver a catar esas sutilezas de las que me he visto falto; como siempre, estar ocupado me facilita no pensar y el verano -ese que acaba de empezar- me ayuda a volver a casa. Antes de volver a hincarle el diente a otro gran curso -sin duda- quiero tener un verano tranquilo, largo e intenso en sutilezas. Las buscaré en vosotros.

Siempre me ha gustado, desde que lo leí en Manolito Gafotas, pensar que el comienzo de verano es como un gran helado, o una gran tarta que puees observar con glotonería antes de pegar el primer bocado. Yo estoy en ello.

Las cosas más chiquititas...