jueves 28 de agosto de 2008

Tarifa

Ir a Roma y no echar una monedita en la Fontana di Trevi es un indeseable pecado; lo mismo que estar en Pisa y no probar suerte con una foto en la que su torre inclinada parezca estar sólo así gracias a nuestros hercúleos brazos. También es bastante pecaminoso acercarse a Barcelona y no entrar en la Sagrada Familia, lo sé de buena tinta... Hay tantas y tantas tareas de obligado cumplimiento cuando nos da por ver mundo.

Mientras comíamos en aquél restaurante, ya a salvo de tormentas de arena, a mi padre se le ocurrió comentar que ir a Tarifa y que no haga viento no es ir a la villa gaditana. "Hay marejadilla en el estrecho"... será cuando Eolo esté de buenas, Salvador. Porque lo de ayer era huracán en estado avanzado y velocidad Match 3.

Dejando a un lado y para otro día las desventajas de una córnea rebozada en arena para la salud en general, lo cierto es que resultó ser algo poético. Tarifa no tiene una arena pseudo-barro oscuro, como en Málaga: allí es talco. Los granitos, hartos de volar de aquí para allá a velocidades extremas según le de al viento, se han fragmentado tantas veces que cuesta verlos, atraparlos, observarlos; pero se sienten, y mucho, en las piernas y cuando el viento sopla fuerte: se clavan como pequeños alfileres que no quieren volar muy alto, duelen y son bellos, pues me recordaba a algún tipo de escena del Señor de los Anillos con espíritus volando a ras de la superficie -no sé si existe tal escena-. Ya cerca de la orilla, donde el mar depositaba su espuma y la arena tenía otro tono pero la misma finura, las lenguas de arena parecían una neblina acariciando las olas a lo largo de toda la playa, delgada y pacífica, como humo.

La imagen era preciosa, siempre y cuando no se metieran las piernas dentro de aquel espectáculo.

Pocos minutos antes y cerca de esa playa habíamos conocido a una simpatiquísima familia alemana con la que pudimos comunicarnos en inglés; hoy, ya tranquilo y en casa, he estado organizando un día de playa con el conservatorio, este viernes. Si miro a la izquierda, puedo ver una foto pegada a mi armario con un grupo de gente de Santa Luisa de Marillac haciendo una pirámide en la arena; y si me da por recordar, veo miles de moragas santarroseñas, aquel día en la playa cuando no encontramos a Mamen y Guille y yo, creo que en ese mismo día, decidimos hacer un hoyo. Veo a un grupo de becarios jugando al 1x2 con una pelota multicolor, pidiendo a unos desconocidos que enseñen un seno o flotando junto a las casas de futbolistas... Veo a niñas enterrando plátanos, y también a un montón de arquitectos jugando al macarra, al volley...

Veo, incluso, a mi familia y a mí en uno de esos tantos días de playa, nos encanta el mar y las olas.

Es inevitable que, para un ente de ciudad costera, todos sus amigos, seres queridos en general, hayan pasado por la arena.


Y cuando veo esos granos de arena escapar de la playa e ir a parar al agua, no puedo dejar de pensar en todas aquellas personas que se han ido volando, casi sin que yo me de cuenta, a ras de suelo y lentamente...

¿A cuántas personas somos capaces de mantener a nuestro lado? ¿Cuántos granos caben con el puño cerrado, bien fuerte, para que no se vayan? Se me va un pedacito de arena cada día, cuando añado un día más sin hablarnos al montón. Me cuesta tanto abarcaros... Lo intento, pero...

No dejo de pensar que es inevitable cambiar unos granos por otros, que tenemos un cupo máximo, que el reloj de arena de nuestras vidas -sí, ese que funciona gracias a esos seres queridos que nos empujan y nos llenan, que nos dan sentido- tiene un límite más allá del cual rebosa, y deja de funcionar.

No quiero que sea así.

Por eso, si eres grano de arena... no llegues al agua, una vez que la toques no podrás volver aquí, bajo mi sombrilla. Que no es gran cosa, pero a mí sí que me gusta que estés ahí, aunque me manches la toalla... lo prefiero.

2 comentarios:

licenciado en mates dijo...

Pues me costo, me costo... pero uno que es un genio y ya ha descodificado tus mensajes subliminares del blog. :D

Guille

PD: La arena humeda aguanta mejor dentro de la mano. ^^

Anónimo dijo...

Joo tiooo me gustaria ser un grano d arena atrapado en el forro de tu bañador jajaja
irene un besitooo!!