jueves 31 de julio de 2008

Mi cama no se mecía esta noche


Al lento ritmo, balanceo, de las olas del mar.

Málaga se sigue pareciendo mucho a Barcelona. Y Barcelona sigue siendo casi como Málaga. Quizá por eso me sentí, allí, como en casa. O quizá por la familia con la que me tocó convivir.

martes 22 de julio de 2008

Había una vez una ciudad

Se llamaba... ¿cómo era? Barcelona ¡Sí! Eso es, Barcelona se llamaba.

Barcelona dormía tranquila, noche tras noche, y día tras día se levantaba para afrontar su rutina, alegre rutina bajo el Sol... Como tranquila dormía aquella noche, la del 21 de julio, sin saber, sin llegar a sospechar siquiera, que algo vendría de lejos, de muy, muy lejos, para alterar su alegre rutina, para captar algo de su luz.

Desde entonces, Barcelona nunca fue la misma. Dicen los más viejos del lugar que ese algo que vino de lejos, bello y hermoso, inteligente y que hablaba mil idiomas, venía en realidad a quemar la ciudad.

Pero no fue así. Los visitantes, porque eran varios, decidieron patearse aquella ciudad tranquila y -puede ser- un poco sosa hasta el momento para encontrar los mejores rincones y, efectivamente, hacerlos suyos. Llenarlos de su alegría, de sus risas. De sus fotos y de sus palabras, oh, extrañas palabras de idiomas venidos de lejos. Y la ciudad se llenó de alegría, de una alegría verdadera, y todo era felicidad con ellos. Ardió, ¡vaya que si ardió!, con el fuego de su arte y su salero.


Y por las noches no pudo dormir tranquila, sino que permaneció atenta, con un ojo medio abierto, mientras oía un elegante y múltiple taconeo y un rítmico y viril paso masculino caminar por sus calles, descubriendo otra serie de rincones que prendieron con ese fuego fatuo que nunca se acaba y que sólo ellos saben hacer...

Barcelona nunca llegó a ser la misma... no le dio tiempo a dar las gracias, no. Pero ahora es, dicen, otra ciudad, más bonita que nunca.

Por cierto, la fecha en que llegaron esos extraños visitantes fue... hum, un 22 de julio.

sábado 19 de julio de 2008

Declaración de intenciones

Sigo necesitando salir y ver mundo, encontrarme de nuevo con ellos -qué más da si son cinco o veinte, son ellos-; sigo necesitando pisar la calle bien fuerte, al son de la música de aquella discoteca a la que también acudíamos durante el curso, o quizá con el ritmo de esas casetas de feria, de esas sevillanas... sin olvidarse del suave tacto de la arena, cuando nos tumbamos sobre las toallas y hablamos, nos bañamos y así seguimos hasta que vemos amanecer... Sigo, efectivamente, necesitado del contacto con vosotros, al margen de planos y proyectos, al margen de ensayos y conciertos y, también, sin el peso que supone saber que no nos vemos tanto como desearíamos.


Quiero terminar los proyectos empezados, aquellos que dejé en la mitad, y comenzar otros tantos que también dejaré sin acabar, pero ¿y qué?... ahora es el tiempo de estas cosas. Estoy falto de espetos de sardina, de tardes en el Tívoli, de ir andando al río, de mañanas de playa, a diario, de paletas y balones, de nuestros viajes por el mundo, de aquella piscina a la que solíamos ir. Porque todavía digo siendo un niño en esto de los veranos.


Busco, al fin, todo aquello que no logré hacer antes en mi vida. Busco esas nuevas experiencias, ansío llegar a buen puerto. Y seguir recorriendo ese camino, ¡ay!, bendita senda. Que recorro con paso firme mientras pienso que hoy, hace justo un año, mis pies me llevaron a otro, a la catedral de Santiago, cuántas metas como esa me quedarán por cruzar.

En todo eso, éste es mi verano.

Me voy a dejar de tonterías, sí.
De pensar que no todo debe siempre salir bien, ¡claro que lo hará! Porque este es de nuevo mi verano. De deprimirme porque miren a otro lado, de sentirme tonto por creer que todo será fácil y que irá como la seda, claro que no. Pero... ¿y qué?, ¿qué tiene eso que ver? A cosas peores nos hemos enfrentado. De pensar que esto sólo... ¡no! Éste es mi verano.

Y cruzaré, como cada año, la barrera de mi tiempo; volveré a tener un año más, como -¡también!- cada año de mi vida y el reloj de mi existencia acompañará esa subida, ese cambio que supone este verano. Sí, parece que está hecho a sí con algún tipo de intención; ¿hay algo más bonito?

Bonito es mi verano y bonito quiero que sea. Sigo queriéndolo, como cuando lo empecé, hace ya dos semanas...

viernes 11 de julio de 2008

Galardón de cebolla


Bromeando, nos decíamos que podíamos intentar meter aquella especie de cebolla -que resultó ser una corchea, según decisión mía y, más allá de eso, incluso un trofeo- en un sobre junto a nuestro currículum, o quizá escanearlo y adjuntarlo como fotocopia. Por cualquier medio, aquél objeto debía aparecer en nuestras solicitudes de empleo, cuán valioso era.

Y no era para menos. El escenario de todo un Teatro Cervantes me vio pasar por encima no para tocar -aunque por poco- pero sí para recoger ese galardón de extrañas curvas que nos confirmaba como Primera Mención de Honor del Certamen de Jóvenes Intérpretes de Málaga, en la categoría de Grado Medio, de 2008. Vale, para cualquiera que pase por aquí y lea, nada extraordinario. Pero yo me quiero permitir el lujo de considerarlo un éxito.

El trofeo me lo quedé yo tras una intensa pelea y sigo lamentándome: ella siempre hizo más que yo porque nos presentáramos, por cumplir los plazos, por quedar para ensayar, por repasar y por apuntarnos. Me decía cómo ir vestido, dónde sentarme, cuándo saludar; mi papel en todo esto. Se lo merecía más que yo pero, en fin, ya tendré tiempo de llevárselo a su casa. Ahora descansa en mi estantería, de la cual la rescaté para escanearlo y poder colgarlo aquí.

El resultado no es muy bueno pero sé que Diana lo incluirá, sin ninún tipo de duda, en sus currículum. O no, porque seguro que se la ficharán para quedársela y llegará a ser una estrella sin haber hecho, en su vida, uno de esos.

lunes 7 de julio de 2008

El primer paso


No pensaba escribir, pero es que casi se me olvida...

A estas horas dormía en Astorga, sin saber muy bien lo que me esperaba por delante... ¿asustado? No, qué va. Ansioso porque llegaran miles de aventuras, porque el camino fuese largo e intenso, por conocer un poco más, y a ser posible muy a fondo, a esos nuevos amigos en potencia, por respirar aire puro e impregnarme de ese ambiente mágico, por descubrir miles de detalles especiales en cada piedra o flecha o concha convenientemente colocadas... por hacer de un viaje el mejor de los viajes, la más placentera y a la vez ardua de las travesías y un punto de inflexión en mi vida. Por tener algo que señalar, en rojo, en el transcurso de mi propio camino, que es el calendario de mi existencia.

Y finalmente todo eso se cumplió. Todo eso lo hallé. Debí haber dormido a gusto aquella noche, después del traslado a Astorga, de la despedida de Líderes, de entrar sin hacer ruido a la habitación donde dormían apaciblemente tres francesas y de despertarlas, y después de haber colocado la funda en la almohada y la sábana por última vez, pues me las dejé allí, en la primera noche... Sí, debí haber dormido muy a gusto porque todo eso llegó, pero creo que di más de una vuelta.

Gracias por ese regalo que fue el primer Camino de Santiago de mi vida, y espero que no el último.

domingo 6 de julio de 2008

Las cosas más pequeñitas


Después de un año grande y escarpado, llenos de altos y profundos altibajos, después de grandes retos, grandes aspiraciones, enormes proyectos -sí, sí, muy enormes- y de, en definitiva, toda clase de grandezas propias de estas fechas en las que, hata ayer mismo, me andaba situando... después de lidiar con grandes toros con grandes cornamentas, que te podían dar por aquí o por allá, olvidar y conocer a grandes personas, dejar grandes costumbres por el camino y hacerme yo mismo más grande...

Es hora de descansar.


Y me merezco un verano, sí, de las cosas más pequeñitas. De dormir y playa, descanso, gazpacho, sardinas y terral. De un poquito de deporte, algo de guitarra y mucho de mis amigos de siempre. Sus pequeños detalles me faltan, me han faltado, quiero sus cosas pequeñitas. Deseo volver a catar esas sutilezas de las que me he visto falto; como siempre, estar ocupado me facilita no pensar y el verano -ese que acaba de empezar- me ayuda a volver a casa. Antes de volver a hincarle el diente a otro gran curso -sin duda- quiero tener un verano tranquilo, largo e intenso en sutilezas. Las buscaré en vosotros.

Siempre me ha gustado, desde que lo leí en Manolito Gafotas, pensar que el comienzo de verano es como un gran helado, o una gran tarta que puees observar con glotonería antes de pegar el primer bocado. Yo estoy en ello.

Las cosas más chiquititas...

viernes 4 de julio de 2008

La última noche

Julio blogui ^^

Suena música de fondo, una música que suele ser de películas Disney pero que, en esta ocasión, se corresponde a una colección de canciones cualquiera de un portátil también cualquiera de los que ronda por aquí. Como éste desde el que os escribo, aunque en el mío no suena la música porque no me gusta, ni tampoco están los altavoces para muchos trotes. Da igual. La musiquilla de fondo está alta pero es un hilo musical, no le presto atención, no suelo hacerlo, la verdad.

Mis ojos me escuecen como tantas otras veces antes, además me escuece el brazo pero eso es cosa sólo de hoy. Tengo que hacer mil cosas que pasan por mi cabeza a la velocidad de la luz, son como esas ovejitas que cuentas antes de dormir, sólo que en este caso no son ovejitas sino planos, leyendas, rotulaciones o detalles, no saltan, sino que vuelan y tampoco hay una cama de por medio. Van muy rápido, una y otra vez, y cuando pasa el último bólido vuelven a empezar. Hasta que los voy matando, a los coches de carreras o naves o como quieran llamarlo, sí, cada vez que termino un planillo o cualquier tontería la lista se reduce...

El taller significa no dormir. Pero esta noche es la última.

La última, supongo, de intentar perder el tiempo con cualquier cosa antes que con la tarea. Llevo todo el día con esto y la verdad es que ahora me apetecía Blog. Pero no va a poder ser así por mucho tiempo, me pongo con ello, ¡al lío!

Hoy, a las 8:30 horas comienza, de verdad, mi verano. Ese que me habla de muchas cositas buenas dentro de no mucho. Ya las iré contando, pero... mucho me da que mis primeras horas de verano oficial me las voy a pasar durmiendo...