domingo 31 de agosto de 2008

Cigüeñela

A las reglas que fueron escritas entonces, por qué hacerles caso ahora; por qué seguir sus costumbres, si los tiempos son otros; para qué ser antiguos, por qué ser ciegos ante cada evidencia, si somos hijos de nuestro tiempo, si nos toca comenzar a vivir a nosotros, si podemos ser sinceros y decir lo que hay, que ya nada es igual, ni nadie es igual a nadie...


En una de éstas en las que andábamos aburridos, y tras mucha insistencia por parte de nuestro padre, fuimos a recorrernos su último y más sonado descubrimiento, algo que yo, en realidad, ya sabía, pero a lo que no había echado nunca mucha cuenta.

Resulta que, efectivamente, allí entre la playa nudista más cercana que conozco, al sur; la autovía con su largo puente, al norte; un montón de edificios por hacer, en obras, recién acabados o que involucionan -véase el estadio de atletismo, ahora sin visera- al oeste y Guadalmar, al este -sí, aquella urbanización que tanto tuvo que ver en que se cargaran lo que yo de chico llamaba 'el Bosque', o conjunto de árboles que rodeaban la desembocadura natural del río Guadalhorce y que fueron talados para poder reconducir aquel río lejos de aquellas casitas-, existe una reserva natural.

Se llama reserva natural Desembocadura del Guadalhorce, creo recordar, y es el hábitat de un buen número de aves que -intento explicarlo desde mi completa ignorancia ante estos temas, pido disculpas por adelantado si la pifio- disfrutan de un entorno semi-acuático con tranquilas lagunas y aguas poco profundas, en general, como las que hay por aquellos lares.

Nuestro recorrido fue totalmente amateur. Con el agravante de que llamábamos "garza" a todo aquello que tenía patas largas y caminaba por el agua, nos dedicamos a recorrer una serie de sendas destinadas a tal fin, esquivando escarabajos. Mi hermano y yo intentábamos localizar rápidamente los que se aventuraban a cruzar por el camino, para avisar a mi padre. Él, a veces, los cogía y los colocaba al borde. Los pobres bichos no entienden que por ahí es peligroso pasar, igual que los caracoles que se atreven a salir al centro del Paseo Marítimo si ha chispeado un poco y me invitaban a salvarlos cuando yo iba a correr.

Cada montón de metros, cuando aparecía alguna laguna interesante a izquierda o derecha, nos encontrábamos con un observatorio de esos que andan camuflados, o que al menos permiten observar a las aves con cierta seguridad, banquitos y ventanas para poner los prismáticos. Un señor muy amable nos dejó ver por el suyo -mil veces mejor que el que yo me llevé- y nos dijo el nombre de todas las aves que por allí pasaban, e incluso si eran jóvenes o mayorcitas. Efectivamente, no es que fueran todo garzas, precisamente.

Y cuando algún avión pasaba y rugía como si estuviésemos dentro del motor, o las campanas de la iglesia, blanca iglesia cuyo campanario sobresale entre los árboles, repicaban, no podía dejar de pensar en que no todo iba a ser perfecto y que las aves, al menos, podían aprender a olvidarse de esos sonidos que tan difíciles son de oír en plena naturaleza. Por momentos yo también me olvidaba de que sólo estaba a un par de kilómetros de mi casa, pues cada recodo del manso río ofrecía un paisaje de esos que sólo se encuentran en los salvapantallas que pululan por Internet. El cielo se ponía rojo a medida que nos íbamos y las aves emprendían su camino, corto camino a su descanso. Existe un tesoro dentro de Málaga aún por conocer.Y me resultaba paradójico que eso estuviera ahí, tan separado del resto pero tan pegado al mismo tiempo, tan distinto, tan virgen...

Ya no hay bosque, ayer me lamenté más que nunca, más que aquel día que fui con mis padres, hace tantos años, y vi que todo estaba vallado, que había excavadoras. Las garzas entonces eran más grandes y las veías si correteabas entre los árboles, a mí me gustaban porque eran como aquel Zord, el del Power Ranger rosa, que era una garza con mala leche.

Y todavía no he ido al jardín de la Concepción. Me estoy perdiendo las pinceladas verdes de Málaga.

A todo le llamaba garza, pero lo de la foto es una cigüeñela. Las cosas por su nombre.

viernes 29 de agosto de 2008

Ciudadano del mundo


Qué distinto sería todo si fuéramos ciudadanos del mundo de verdad. Si pudiéramos vivir hoy aquí y mañana allí, si fuese posible echar a andar con la certeza de llegar a un buen puerto donde siempre te recibirán con los brazos abiertos.... Sin estar atado a horarios, planes, guías, o lo que es lo mismo: a edificios, barrios, calles, ciudades, papeleras o estancos.

Qué bonito poder tomar un avión en cualquier momento y a cualquier lado, una escapada de tres días, acudir a aprender un idioma y poder dormir en otra de tus casas, cambiar de verano a invierno en un par de horas, tener calderilla en todas las monedas, dejar un amor, un amigo, miles de experiencias en cada puerto.

Y no vivir siempre pendiente de la misma carretera, de ese semáforo que ya conozco de memoria y sé cuándo se pone en verde, quiero luces de neón, distintas de mi ciudad, quiero auroras boreales y la Luna reflejada en el más bello de los lagos...

Y necesito, sobre todo, a gente que esté dispuesta a echarse la mochila al hombro, con ganas de acortar caminos, de nuevas experiencias, de coger un billete y mirar adónde vamos una vez subidos al avión; necesito tener la certeza de que, antes de morir, habré estado en muchos de esos sitios que merecen la pena y no sólo en uno, mi hogar.

La Tierra es tan grande y una vida tan corta...

Sí, tengo ganas de viajar -de nuevo-.

jueves 28 de agosto de 2008

Tarifa

Ir a Roma y no echar una monedita en la Fontana di Trevi es un indeseable pecado; lo mismo que estar en Pisa y no probar suerte con una foto en la que su torre inclinada parezca estar sólo así gracias a nuestros hercúleos brazos. También es bastante pecaminoso acercarse a Barcelona y no entrar en la Sagrada Familia, lo sé de buena tinta... Hay tantas y tantas tareas de obligado cumplimiento cuando nos da por ver mundo.

Mientras comíamos en aquél restaurante, ya a salvo de tormentas de arena, a mi padre se le ocurrió comentar que ir a Tarifa y que no haga viento no es ir a la villa gaditana. "Hay marejadilla en el estrecho"... será cuando Eolo esté de buenas, Salvador. Porque lo de ayer era huracán en estado avanzado y velocidad Match 3.

Dejando a un lado y para otro día las desventajas de una córnea rebozada en arena para la salud en general, lo cierto es que resultó ser algo poético. Tarifa no tiene una arena pseudo-barro oscuro, como en Málaga: allí es talco. Los granitos, hartos de volar de aquí para allá a velocidades extremas según le de al viento, se han fragmentado tantas veces que cuesta verlos, atraparlos, observarlos; pero se sienten, y mucho, en las piernas y cuando el viento sopla fuerte: se clavan como pequeños alfileres que no quieren volar muy alto, duelen y son bellos, pues me recordaba a algún tipo de escena del Señor de los Anillos con espíritus volando a ras de la superficie -no sé si existe tal escena-. Ya cerca de la orilla, donde el mar depositaba su espuma y la arena tenía otro tono pero la misma finura, las lenguas de arena parecían una neblina acariciando las olas a lo largo de toda la playa, delgada y pacífica, como humo.

La imagen era preciosa, siempre y cuando no se metieran las piernas dentro de aquel espectáculo.

Pocos minutos antes y cerca de esa playa habíamos conocido a una simpatiquísima familia alemana con la que pudimos comunicarnos en inglés; hoy, ya tranquilo y en casa, he estado organizando un día de playa con el conservatorio, este viernes. Si miro a la izquierda, puedo ver una foto pegada a mi armario con un grupo de gente de Santa Luisa de Marillac haciendo una pirámide en la arena; y si me da por recordar, veo miles de moragas santarroseñas, aquel día en la playa cuando no encontramos a Mamen y Guille y yo, creo que en ese mismo día, decidimos hacer un hoyo. Veo a un grupo de becarios jugando al 1x2 con una pelota multicolor, pidiendo a unos desconocidos que enseñen un seno o flotando junto a las casas de futbolistas... Veo a niñas enterrando plátanos, y también a un montón de arquitectos jugando al macarra, al volley...

Veo, incluso, a mi familia y a mí en uno de esos tantos días de playa, nos encanta el mar y las olas.

Es inevitable que, para un ente de ciudad costera, todos sus amigos, seres queridos en general, hayan pasado por la arena.


Y cuando veo esos granos de arena escapar de la playa e ir a parar al agua, no puedo dejar de pensar en todas aquellas personas que se han ido volando, casi sin que yo me de cuenta, a ras de suelo y lentamente...

¿A cuántas personas somos capaces de mantener a nuestro lado? ¿Cuántos granos caben con el puño cerrado, bien fuerte, para que no se vayan? Se me va un pedacito de arena cada día, cuando añado un día más sin hablarnos al montón. Me cuesta tanto abarcaros... Lo intento, pero...

No dejo de pensar que es inevitable cambiar unos granos por otros, que tenemos un cupo máximo, que el reloj de arena de nuestras vidas -sí, ese que funciona gracias a esos seres queridos que nos empujan y nos llenan, que nos dan sentido- tiene un límite más allá del cual rebosa, y deja de funcionar.

No quiero que sea así.

Por eso, si eres grano de arena... no llegues al agua, una vez que la toques no podrás volver aquí, bajo mi sombrilla. Que no es gran cosa, pero a mí sí que me gusta que estés ahí, aunque me manches la toalla... lo prefiero.

miércoles 27 de agosto de 2008

Calada


Calada.

El mundo corría afuera, tan deprisa. En el preciso instante en el que todas las farolas vinieron a encenderse a lo largo de la avenida, silenciosas, elegantes y diminutas desde aquella ventana, pensaba en cuántas historias se estarían generando, tantas como puntitos luminosos en la oscuridad.

Calada. Risas en la calle.

Sí, no había duda. Últimamente el alboroto era mayor cada noche, como si la ciudad hubiese decidido instalarse en una perpetua fiesta, alegre y triste al mismo tiempo. También de día, aunque entonces los gritos sonaban a niños, a juegos, a historias puras y sin mácula. Sí, algo había cambiado en la ciudad, desde hacía ya algún tiempo. Él lo sabía.

Un finísimo hilo de humo bailó ante sus ojos, movido por la brisa.

Y ahora él parecía ser testigo mudo de todo aquello cuando, no hacía tanto, se dedicaba a participar de aquellas historias, a llenarse de ellas, a buscarlas si se hallaban escondidas, a traducirlas, a trasladarlas.

Se decía que estaba muerto. Que se había abandonado a su suerte, ya nunca más volvería a pisar la calle. Siendo sinceros, lo parecía. Pero él era un hombre de palabra. De grandes proyectos que nunca abandonaba. Ya nadie acudía a escuchar sus historias, ya nadie leía sus artículos, hacía ya tiempo que había perdido todo su crédito ante los magnates, los entendidos, los que movían la pasta... Sí, nunca se había rodeado de las personas acertadas. No, al menos, para sacar partido de ello. Se sentía dichoso.


Calada.

Aún tenía ganas de más. No le entendían. Normal, ellos tienen otros asuntos, sus planes, y tú eres un bohemio, trabajas sin horario, sin pautas, sin orden, se decía. Quizá ahí estaba el problema, podría parecer.

Más risas en la calle.

No, no moriría así. Sería joven, una y otra vez. Quería seguir contando sus historias. Y sabía cuál era su problema, lo sabía muy bien...

Calada. Miró el reloj.

sábado 16 de agosto de 2008

Ya ha empezado

La semana más larga del calendario fiestero local. Levantarse tarde, Feria de día, Feria de noche, dormir -tarde, muy tarde, por supuesto-. Y a repetir este tan nocivo modo de vida durante ocho días. Alcohol, música, cacharros, calor, gente. Es la Feria de Málaga. Que sería de agosto sin mi cumpleaños al principio y la feria enmedio...


En una de esas ferias conocí a la señorita Verdugo. A ver si te pasas por aquí y lees esto.

Y, en fin, no sé, tengo la insana impresión de que esta semana de feria me tiene guardadas muchas cosas interesantes, no sé si finalmente será así, aunque es tan larga que creo que todo en ella tiene cabida...

Anoche pude ver, como a mi me gusta, miles de colores reflejados en ese estanque que es el Alborán en la bahía de Málaga, con la arena bajo mis pies y las luces de la ciudad al fondo. Doble sesión de fuegos artificiales, unos grandes, inmensos, cercanos, que mostraban sus matices sin tapujos; los otros, más pequeñitos por estar más lejos, se enredaban entre las grandes grúas, asomaban con timidez desde el fondo del puerto, y eran mis favoritos.

A ver qué nos depara la primera noche. Por lo pronto, durante el día, mucho baile y risas. Me lo pasé genial.

Y ya ha empezado...

Comienzan las pruebas del acelerador de partículas más grande del mundo

http://www.abc.es/20080809...culas-20080809.html

... la cuenta atrás. Guille, has conseguido rallarme. Pasen y lean.

Vale, sí, es lo del fin del mundo. Pero no seamos alarmistas, que no ocurrirá nada, es por darle chicha a la contaminada monotonía de la Madre Tierra y porque, también, nos mola el sufrimiento de películas tipo "El día de mañana".

Y yo, bastante tengo con levantarme bien eso, el día de mañana.

miércoles 13 de agosto de 2008

Con una nevera y un cuchillo

... se puede sobrevivir a truenos y tempestades, a largas noches al raso, a la soledad del negro bosque, a la hambruna, al miedo y a la desesperanza e, incluso, a dos noches de camping...



Con una nevera en la que nada se enfriaba y que nos obligaba, con mucha resignación por nuestra parte, a escoger en aquel lejano supermercado un puñado de alimentos con la esperanza de que sólo algunos de ellos nos provocaran una gastroenteritis, tras cambiar de color, forma y, sobre todo, olor en aquellla caja con cubitos flotando en agua a temperatura ambiente. Mal asunto comprar Dan'up y pavo para todo un día, mal asunto.

Con el cuchillo cortábamos lo que pillábamos, y nos lo pasábamos con total impunidad por si acaso alguien no había pillado algún tipo de enfermedad estomacal. Y si enterrábamos los plátanos en la arena, nos exponíamos a tragarnos cualquier hongo maligno de esos que campean por los pies de los viejos. No había ninguno que no tropezase con aquel pedazo de bolsa que asomaba por el barro y que resultaba tener algo dentro.

En la playa jugábamos al 1x2 y más de uno murió un par de veces. Pero, en fin, éramos bueno y no nos dio por ahogar a nadie. Todo eso tras descubrir la banda sonora de nuestras vidas, pensada para trayectos cortos en coches petados.

En la piscina María y Valeria se rallaban por la edad del socorrista, creo que nunca llegarán a saberla...

Y descubrimos que cenar en un McDonald's puede ser una experiencia de lo más lujosa, sobre todo cuando es lo primero caliente que comes en mucho tiempo -exceptuando un Cola Cao caliente por la mañana, bastante baratito, por cierto...- y se puede mirar a través del escaparate con total libertad.

Y, por la noche... cuando su oscuro manto cubre todas las tiendas y ni un sólo rayo de luz se escapa a través de las tupidas copas de los pinos... cuando el pueblo duerme, y salen los policías, ladrones y... ejem... mujeres de la calle... Con un par de cuerdas bien tensas en mitad del camino y un escondite nos conformamos. El mejor juego al que he jugado en mi vida.

Somos los mejores, no he podido pasármelo mejor. Espero que llegue pronto la próxima. Con más escondite, plis. Y sin coche. Y con vosotros. Sí, me fui con el insti de camping ^^.

jueves 7 de agosto de 2008

Nos vamos de camping


Ea. Así quedará más o menos la tienda, no os creáis.

lunes 4 de agosto de 2008

Tunner

La música sonaba, y yo me adentraba en su melódico reino, nuevos colores en esos acordes...


Dentro de poco estaré en San Pablo recibiéndote. Al final resulta que te echaré de menos y todo, Juanillo. Qué ganas.

Y mi cumpleaños fue raro... empezó en medio del de Patri y se me pasó volando; el día 2, con el Sol recién asomado al cielo y las gaviotas revoloteando hacia la arena, camino de casa, no sabía muy bien cómo calificar la cosa.

Los echo de menos, mucho, mucho, mucho.


Tranquilo, me gusta estar tranquilo, vivo con pausa, esperando lo siguiente. Allá vamos, camping mío xD. ¿Por qué tiene que coincidir con el fútbol? Dilema.


Mi radio suena de maravilla ^^ No pilla muchas emisoras, pero es culpa de la antena, o de la carencia de ella, más bien. Pongo mi cedé en el que brillan dos auténticas cerezas y tiembla el suelo de Málaga. Me gusta conducir, y me gusta la nueva banda sonora de estos momentos.

viernes 1 de agosto de 2008

El menda cumple años


En este preciso instante.

19, uy, qué viejo ya, ¿no? Me gustaría que estuviérais aquí, conmigo, para celebralo... Falta tanta gente... Pero hay otras muchas, muchísmas, que sí que estarán, lo celebraremos como es debido ^^

Agosto -qué mes más bonito- blogui ^^