martes 30 de septiembre de 2008

Pimiento

El concepto cerca-lejos es muy relativo. Cuando eres más pequeño, te basta con saber que algo alcanzable, palpable en un plano físico, está cerca; y lo que no ya se verá, depende de si me puede llevar en coche mi mamá allí donde se encuentre. Lo que esté fuera de Málaga es, sin duda, algo muy lejano, seguramente muy extraño y que, para qué engañarnos, tampoco merece mucha atención por cuanto es inalcanzable.

El paso de los años nos va abriendo horizontes y proporcionando nuevos vehículos para alcanzarlos. No me refiero a tener un carné de conducir y un coche -que también ayuda y mucho, pero en otro sentido-, sino a una disposición a encontrar y conocer nuevas personas, las ganas de viajar por el mundo o la imposibilidad de quedarse sentado ahí donde antes uno era capaz de tumbarse a ver la tele y el mando era lo único que podía considerarse dentro de ese 'cerca'.


Cerca puede ser Málaga o no.

Si me encuentro en el bus a una de esas personas a las que es necesario saludar, con las que sería preciso hablar pero imposible establecer una conversación de más de veinte segundos... tal vez la persona que vive más cerca de mi calle, por qué no... pienso 'buah, qué lejos estamos'. Compartimos cierto espacio dentro de aquel autobús pero no alma.

Pero es que si me la encuentro a ella en uno de los autobuses azulitos de la Ciudad del Paraíso... -Málaga, ¿eh? :)- ¡el autobús se desmonta del chillido que pego!

Todo esto tiene como fin dar a conocer que, efectivamente, ella está cerca esté donde esté. Y que la quiero más que a miles de personitas que pululan por mi ciudad y que tal vez conozca de antes, tal vez no... quizá porque nunca, en la mayoría de los casos, habré compartido con ellos y ellas tantos momentos como con la murcianica, momentos de esos especiales, me refiero.


Y la gente querrá preguntarte que cómo puede ser posible que hayamos vivido tanto pese a estar tan lejos; a mí ya me lo hacen, axa, pero cada vez menos, porque se han enterado de lo mucho que nos gusta viajar... y que lo de encontrarnos cuando yo vengo de comprar el pan y tu vas a sacar al perro no es posible más que nos pese; pero lo sabemos compensar muy bien con nuestras saliditas, tan planificadas como poco fidelignas a dichos plannings a la postre, pero intensas en todos los casos y llenas de vivencias...

Sí, nos vamos por ahí y entonces es cuando te veo, como te vi en Madrid un par de veces, luego en el Camino, en Valencia y también en Barcelona. Y como espero verte algún día por Málaga o por Murcia, ¡por qué no! En esos momentos, cuando dos becarios se unen en nombre del pasarlo bien, del desfase, de la amistad tan lejana y cercana al mismo tiempo... pienso que el resto de España no debería dedicarse a nada más que no fuera mirarnos, pues nosotros estamos dándoles una lección.

A los que pueden tener un amigo en cada esquina y no lo tienen, pero es que tampoco lo buscan; yo ¡ja!, tampoco los tengo a miles, pero a los que he tenido la gran dicha de encontrar en mi camino -nunca mejor dicho- deseo conservarlos para la eternidad. ¡Sí, quiero mucho a mi murciana! Y es murciana de Murcia, sí, de allá lejos, ¿pero qué? Cuando hablo por teléfono contigo o me comunico de cualquier manera estás escondida en el rincón más malagueño de la casa más malagueña de Málaga, como malagueña puede ser la esquinita más recóndita de mi corazón.

No son ánimos de ponernos sensibles, pero es que en éstas es cuando me pongo a enumerar mentalmente acontecimientos, como a nosotros nos gusta, para seguir teniendo la certeza de que vale la pena seguir con esto...

Poca gente por aquí sabe eso de que los mosquitos tigre son capaces de deformar pies, que los barcos tienen una curiosa distribución interior por la cual al hombre le toca siempre dormir espatarrado aunque sea poco peligroso -xD- o que para mandar allí una carta tienes que poner "Club Marítimo -en catalán mejor ^^-, primer muelle todo recto, caja verde a la derecha"... Tal vez ninguno conozca la cantidad de listas a las que fuimos apuntados, ninguno tenga noticias del Cacaolat, nadie sepa que es posible montar un espectáculo alternativo flamenco en pleno Port Aventura, con el ritmico ese que me enseñaste -"Un-dos, un-dos-tres, cuatro-cinco-seis, siete-ocho-nueve-diez"-... Ninguno se habrá desesperado con vuestra lentitud, no, y al rato hacer el longui un poco y casi perder el tren -je-; nadie sabrá qué es el Majestic ni si tiene puerta o no -últimamente creo que le falla-...


Porque esos momentos son nuestros y no de nadie más, aunque todo el mundo nos estuviera mirando. Porque destacamos, allá donde vamos, no podemos evitarlo. Por eso sigo buscando estar contigo, sigo deseando verte otra vez y no puedo más que alegrarme al saber que, aunque nos cueste ponernos de acuerdo, iremos a Madrid a darlo todo, otra vez, y las que hagan falta.

España volverá a mirarnos con envidia, cada uno desde su sofá donde sólo el mando está al alcance, y nosotros volveremos a dar una lección de cómo hacerlo. Nos gusta. Y yo, por lo menos, lo necesito con regularidad.

Hoy -ahora- cumples 19 años y recuerdo que te conocí con un par menos. Si me dejas te felicitaré la veintena y todos los que caigan, cuantos más mejor. Entonces tendremos el doble de cosas que recordar, el triple de cosas de qué reirnos, diez veces más fotos y muchas cosas que contarnos...

Felicidades, axa.

Que cumplas muchos más aquí, cerquita mía.

Y eso, que te quiero pexá...

lunes 29 de septiembre de 2008

Cierto

De qué me sirve a mí que un buscador cumpla años si no lo hace sólo, al haber nacido, nueve años antes, alguien mucho más especial...

Te vas lejos y parece que fueras de otra ciudad, pero en tu caso no, a ti sí que puedo tenerte cerca. Para darte ese achuchón que me asegure que sigas por aquí el cumple que viene y poner, esta vez sí, una gran foto de alguna juerga en la que salgamos los dos ^^

Como ésta:


Aquella tampoco fue la tan ansiada noche en la que al fin comenzaría a cogerle gustillo a beber cerveza, pero mereció la pena siquiera olisquearla para poder hacernos fotos de esa guisa ;)

... y las que quedan.

Los amigos son un tesoro que nunca se deben abandonar; pese a la distancia, son semillitas que hay que proteger cada día con más mimo, como un íntimo tesoro pues, a medida que va pasando el tiempo, se vuelven más y más valiosos.

Cierto.

Y no quiero decir con esto que haya llegado a pensar que me retirarías la palabra, pero... ¡qué c***!, te lo merecías y que le den a Google xD.

sábado 27 de septiembre de 2008

Google

Parece llevar toda la vida ahí, ayudándome a encontrar todas y cada una de las tonterías que se me pasan por la cabeza y también, hay que reconocerlo, algún que otro dato útil. Sin él no sabría que existió un relativamente famoso militante de la CNT que murió fusilado, por ejemplo -sí, soy uno de esos que alguna vez ha tecleado su nombre en el buscador, para qué engañarnos- y que compartía conmigo nombre y apellidos. Ni me habría enterado de otras muchas cosas del mundo, de esas que pululan en Internet, pues en la red se encuentra todo, y que son tan difíciles de buscar.

Pero sólo tiene diez años. Así que gracias, Google; felicidades, y a por otros diez más.

jueves 25 de septiembre de 2008

Media ele

Desde el Rincón de la Victoria todo es camino semi-desconocido: desde la subida a la autovía, con tanta rampa, a todos esos túneles entre los caules olvido quitar las luces, pasando por aquellas vistas de Málaga, desde tan alto... me cuesta mucho no mirar a un lado, de hecho, algún vistazo de reojo sí que hecho... Miro la velocidad, detecto que se encienden los pilotos del ferno de mano; no pasa nada, pues no lo he tocado, pero me inquieta, conduzco inquieto.


La Ronda Oeste, la salida a la MA-21, cambo de sentido en San Julián. Dejo a Patri y voy para mi casa. Ahí, si, territorio muy conocido.

Y, llegando a casa, un coche en doble fila, uno de tantos, intermitente, inicio de manioba para el cambio de carril, sigo mirando al espejo. Para ver cómo un coche aparece de la anda a gran velocidad, pego un volantazo pues no me deja cambiarme de carril, miro al frente, freno, casi me estampo con el de delante. A tan pocos metros de mi casa.

El peligro está en todas partes en la carretera. Hoy, ya, seis meses de experiencia, con mi coche, con mi Forfi Pachá, del club de los coches de época del taller, junto con el de Sonora, el de Enrique o el de David...

Seis meses y 'media ele' y la sensación, qué remedio, de que sigo portando un arma con ruedas y musiquita dentro, y que a saber cuándo me puede salir el siguiente tarado. Conduzcan con precaución.

lunes 22 de septiembre de 2008

Picante

Un año ya, buf


Cuando aún corría por el patio dando patadas a un Actimel y contaba unos 7 años, no bastaba con ser del Barça o del Madrid, sino que debías elegir entre los Backstreet Boys o las Spice Girls. Simple, no había más música fuera de éstos dos.

Sinceramente, me hacían más gracia las canciones de las chicas picantes; tanto, que uno de los casetes que solía meter en el Walkman más a menudo era el tal Spice -así se llamaba también el álbum, qué original-, donde cada muchachita posaba dentro de una de las cinco letras del nombre...



Spice girls - Spice up your life


Hoy, con unos cuantos años más de experiencia musical a mis espaldas, no me avergüenzo de decir que me acuerdo de algunas letras y que encuentro numerosas trazas de calidad en algunos de sus temas -como en, por ejemplo, aquél en el que una chiquilla era introducida en un gigante cubo de Rubik por las cinco diabólicas haditas-spice, provocando horror en la infantil mente de Irene*-. Pero encuentro cierto paralelismo entre estas cinco y las seis que chapurrean canciones -creo que ahora son cinco también, rectifico- y que van por ahí con el nombre de Pussycat Dolls.

Al margen del nombre, que yo creía más pervertido hasta las aclaraciones anglosajonas de Patri -me liaba con lo de pussy-, lo cierto ambos grupos son el resultado de las pretensiones poco éticas de adinerados productores, supongo, ansiosos por sacar el mercado un producto ligero de ropa y excesivamente ardiente, apurando mucho más esa antigua fórmula que, por otro lado, parece no fallar nunca. El público receptor también tiene algo de culpa, o quizá sus madres o quienes se encarguen de esas pobres chiquillas, que veían y verán en las poses 'sexys' de Victoria y en la marcada soltura de Nicole, por ejemplo, el modo correcto de ir por la vida. Todas ellas querrán casarse con Beckham o salir con Hamilton y vivir del bote, pero ¡ah!, amigas, habrá que currárselo.

Tampoco parece haber mucha diferencia entre querer ser una chica picante o una muñeca gatita -Dios, qué mal suena eso- y andar jugando con Barbies, al fin de cuentas ambas ofrecen un prototipo de mujer calentorra de piernas largas muy deseable a la hora de imitar. Pero no es lo mismo querer ser una princesa Barbie y encontrar un Ken que ir bailando por el metro como si de un conjunto de barras americanas rodantes se tratara -ver Wait a minute-.

El otro día asistí a una conversación un poco extraña en el gimnasio. Allí dan clases de natación y por el vestuario también se pasean niños de diez años y tal. Un muchacho de esta edad, más o menos, quería enseñarle a otro un vídeo que tenía en el móvil -para qué querrá un niño de estas edades uno de éstos es otro asunto, pero bueno-. Se quiso acercar uno de unos ocho años -no sé, la verdad, un poco más chico- a ver el contenido y los otros dos les soltaron "tú no, que tú eres muy chico y no lo entiendes".

El vídeo se esuchó por todo el vestuario y viene a resumirse, sin mucho detalle, en un anuncio de compresas en la que la mujer anunciante de turno relata los beneficios de una compresa con bandas de pegamento incorporadas de fábrica que eliminan cierto tipo de vello, con ruidito onomatopéyico del momento en cuestión incorporado. Y yo, que a esas edades intercambiaba estampas de Pokémon o de la Liga, seguía jugando con los dichosos Actimel y, por supuesto, no tenía móvil; me pregunto si realmente saben de qué va un poco el vídeo, si no son ellos también chicos para tales contenidos multimedia y si, en realidad, no será que los tiempos cambian demasiado rápido.

¿Se nos espabilan muy pronto? Pudiera ser, pero ese no es el problema, no os confundáis. Se espabilan muy pronto -en una edad en la que deberían de preocuparse por jugar sin tanto móvil encima, en estudiar sin tanta XBox y en hacer cosas de niños sin ir vestidas de mujeres públicas por la vida- y lo hacen mal, pues váyase usted a saber qué tipo de información recibe esta gente. ¿Los padres? Mirarán para otro lado. ¿Dónde está la inocencia de la infancia?

Yo no sé si fue más bien porque estaban ya hasta el gorro, pero quiero creer que lo que nos contaron los de TVE es verdad y que se retiraron del concurso EuroJunior porque aquello de concurso infantil tenía poco y se vestía y maquillaba a las chiquillas e invantaban coreografías un poco al hilo de todo esto, creando pequeños monstruitos sexuales. Algo de verdad tiene, para qué engañarnos. Pero estaría mejor que los tipos de la televisión pública española se hubieran inmiscuido un poco más en todo este asunto y haber luchado por un concurso realmente infantil, quizá habríamos ganado; total, en el Eurovisión grande nos va mal, pero en el otro no...

Pero, claro, es una televisión, de esas que se pasan los horarios infantiles por cierto lugar -pero ese también es otro tema-, así que... qué les podemos pedir.

*http://huldschinskyhodon.blogspot.com/2007/08/de-rosas-y-melones.html

jueves 18 de septiembre de 2008

Patio y limones

Allí, en un cristal, pegados, estarán los folios con tantos nombres impresos. Cada cual en una clase, en el que será su gran grupo de amigos a partir de ese momento; hasta ahora, muchos, son desconocidos.

Nuevos profesores y nuevas normas, un nuevo ambiente. Ese timbre estridente, tantos pisos y escaleras -Dios, en el cole no habías tantas-, el cambiar de clase, de vez en cuando -tan americano-... La tarima, las asignaturas. El horario, las vistas desde la ventana. El trato. Todo.

No lo piensan, no lo saben. Están ante toda una fase de su vida, tan importante. Tan rápida, ya mismo están fuera. Cuando se quiten los agobios de la Selectividad de encima, ya habrá pasado. Y un montón de sueños, vivencias y amigos en la mochila.

Y yo estaba allí, y vi que me tocaba con algunos de mis amigos del momento, con otros no.

El lunes se abren las humildes puertas de Santa Rosa de Lima para mi hermano, y tantos otros...




Si fuera mas guapa y un poco mas lista, si fuera especial, si fuera de revista, tendria el valor de cruzar el vagon y preguntarte quién eres.

domingo 14 de septiembre de 2008

El Castilla

Ese cartel, tan grande y amarillo, no estaba antes ahí.

Antes era una especie de lengua plateada, una ola metalizada, que bajaba suavemente por la fachada hasta la entrada. En ella, una inscripción: Restaurante Castilla. Lo peor es que la lengua sigue estando ahí, los nuevos inquilinos no se han preocupado de retirarla y han preferido colocar el cartel encima, como una cruel burla, o una muestra de una voluntaria falta de gusto, ética y buen hacer. El cartel no tiene pérdida y brilla, como si de un barucho de barrio se tratase, con una irritante luz amarilla, mientras en el se puede leer algo así como Depaso II y, debajo, una aclaración: Showarma y otra cosa más. Lo que nos faltaba.

En aquel restaurante, cuando todavía lo era, comíamos toda la familia cada cierto tiempo. A mi hermano lo llevaban en carrito cuando empezamos a ir, y le alimentaban con papillas mientras los demás comíamos. Cuando ya pudo comer cosas más consistentes, mi hermano y yo nos pedíamos lo mismo siempre, sin excepción. Una especie de plato combinado con croquetas, tortilla y más alimentos de tipo infantil. Lo devorábamos como nunca.

Era la época en que todavía no existía el puente de Juan Pablo II, en su lugar había un inmenso solar con una chimenea en medio, otra histórica muestra del pasado industrial de Málaga que, cómo no, tuvo que ser demolida para construir dicho paso. Solíamos aparcar por ahí.


Y ahora hay un puente y un cartel amarillo colgando, nada más. El glamour del Castilla ha desaparecido, ya no hay más peceras con langostas sino mesas, muchas mesas de mala calidad con gente cualquiera pringándose los dedos. Se puede admirar todo a través de los amplios vidrios de su fachada, antes daban un toque de elegancia al restaurante, con sus blancas cortinas detrás; ahora queda algo ridículo. Pegan más ventanitas pequeñas y la imposibilidad de mirar dentro. Habría sido mejor para mi espíritu.

Yo no sé lo que pasa en estos lares, no tengo nada en contra, pero...

Al volver del fútbol, un señor asiático limpiaba la acera enfrente de un local. Sobre la entrada se puede aún leer que se trata de una tienda especializada en trajes de novia; dentro, sin embargo, las estanterías se sitúan sin ningún pudor contra los ventanales y me informan de que ahí habrá, dentro de poco, otra tienda de alimentación. Colgarán el cartel más barato, brillante y hortera sobre las letras de plata. No pegará con el granito rojizo de su fachada, ni con la trasparencia -ahora mutilada por blancas estanterías- de sus vidrios, pero qué más da.

En los centros comerciales las mismas tiendas, sin excepción. Todos los Zaras, Springfields, Stradivarius y Oyshos del mundo. Fuera de ellos, ídem. Pero otro tipo. Variedad.

lunes 8 de septiembre de 2008

Fruta fresca

Hoy, mucho antes de lo que esperaba, ha ocurrido.

Me siento cómplice de la naturalidad con la que las televisiones asumen su falta de noticias para rellenar un telediario, cuando nos obligan a ver a la misma anciana corriendo a través de la puerta del Corte Inglés en cuanto empiezan las rebajas, a los mismos niños abriendo la puerta del salón para comenzar a jugar con sus regalos de Reyes el 6 de enero, o los mismos fuegos artificiales en Sidney en el mediodía del 31 de diciembre, cuando nos recuerdan, como si no lo supiéramos, que allí ya ha empezado el año dos mil no sé qué.

A mediados de septiembre la noticia es la vuelta al cole, novedad que, todos los años, viene precedida y aderezada por la cancioncita de esos grandes almacenes que muestran a niños felices por volver a empezar. Y, de nuevo, la noticia de la vuelta a las aulas en portada, y de nuevo los mismos niños llorando o felices, según vean.

No sabía que era tan pronto, ya están volviendo al cole. Madre mía.

No me tengo que preocupar, aún, si todavía estuviera en el colegio, me quedaría una semana más. Que serían dos si me tocase entrar al instituto, ahí es donde está mi hermano. Pero son tres, pues estoy en la Universidad, tres semanas más de descanso. En fin, la cuarta parte del total de las vacaciones. Muchas cosas por hacer.


Aún recuerdo -cómo olvidarme- de la seguridad con la que, el año pasado, me jactaba de haber vivido el mejor verano de mi vida. Lo sigo pensando, por supuesto. Pero ahora lo que tengo es la inquietud de pensar que no lo he aprovechado del todo. Me ligué a un montón de viajes programados, tantos que no tenía siquirea un hueco grande para estar en Málaga, que dejé de lado otro tipo de planes y me quedé sin lo uno ni lo otro, por falta de ambición. Pensé en descansar mucho, y he dormido lo mismo que durante el curso; luego, cuando no pueda mantenerme despierto en clase, me quejaré. No he estudiado AutoCAD, ni leído, ni tocado la guitarra, ni tampoco he hecho todo el ejercicio que querría, por culpa de esta maldita cadera.

Y es entonces cuando me siento tonto, por haber perdido tanto el tiempo.

Pero no me debería quejar. He disfrutado de un verano con mucha gente, he ido a Barcelona, he estado de camping, he quemado la feria... me estoy poniendo morenito, voy mucho al gimnasio -aunque no para correr, pero sí nado, en fin...

Que no sé por qué me quejo. Cuando, además, quedan tres semanas.

Y el caso es que tengo esas pequeñas ganas de que empiece de nuevo, ya irán creciendo, si en el fondo me gusta, voler a empezar...

En mi carera también soy feliz. Ya no es como antes, que el final de las vacaciones ensombrecía los transcursos de mis septiembres.

Así que vivo en una permanente macedonia. Con pedacitos muy pequeños de desilusiones y tristezas y con grandes trozos de alegrías. Siempre suelo dejarme los mejores bocados para el final, para dejar un buen sabor de boca; así que espero que, al menos incoscientemente, esté haciendo lo mismo con mis vacaciones y aún quede lo mejor por llegar. Los mejores trozos.

jueves 4 de septiembre de 2008

Menos es más


Edificio Seagram, de Ludwing Mies van der Rohe.

Menos es más.


"Ornamento y delito", decía Adolf Loos.

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En aquellos momentos, el pueblo más bajo no entendía. Nada, y mucho menos de democracia. No concebían cosa alguna fuera del más servil vasallaje; servían al rey, al noble, al señor de las tierras, al cura, al que pasara por allí. Se morían por tener a alguien que les dijera qué hacer.

Si ya incluso en el siglo XIX arrastraban la carreta en la que Fernando VII se dirigía, de nuevo, a su trono; a eliminar todo atisbo de democracia, a ser, de nuevo, monarca absoluto... Qué menos un puñado de siglos antes.

Y querían que les dijeran qué hacer, pero también cómo hacerlo. Un instructor mediático, un Pepito Grillo inquisidor e inflexible, un conjunto de normas, de leyes, de castigos. Sin la amenaza del infierno no cumplirían penitencia, sin la obligación de asistir a los ritos no escucharían de pasada aquel conjunto de buenas y lógicas intenciones -escondidas tras el velo de las parábolas, de las interpretaciones, de los símbolos- ... Todo era bueno, en el fondo, hablaban de paz y amor, de respeto al prójimo, de ayudar, de tolerancia, de hacer el bien, de amarnos los unos a los otros.

Pero el rito dejó de ser el medio para ser el fin, la opción pasó a ser obligatoria y el castigo, físico. A nadie le convenía tener un pensamiento distinto de aquel órgano que regía el mundo. Sí, eran poderosos, venían a mostrar las bondades de la vida y acabaron instalándose en un trono de terror.

Así pasaron los años, y yo ahora me pregunto... ¿qué es la religión sino el modo de vivir más correcto? Creo en el respeto y la igualdad, en la tolerancia y en la paz. ¿Por qué... si el que está a mi lado piensa lo miso, actúa igual, pero su religión se llama de otra manera, va a ser malo? ¿Para qué convertirlo, si hablamos de lo mismo?

Para mí la religión no son ni los ritos ni las ostentosas formas, llenas de ornamento. La religión es la excusa de entonces, y la necesidad de nuestros tiempos, de vivir en comunidad de la forma correcta. Me da igual cómo lo llamen en cada parte del mundo, si en el fondo es lo mismo.

Y como todo parte del respeto, de la libertad, deberá entenderse esto como una mera opinión, no como un manifiesto contra el que nadie debiera sentirse ofendido...

No sé por qué no pueden casarse un protestante y un católico, si ambos se aman y comparten valores. Cada uno asiste a un templo, cada uno tiene sus ritos, no comparten el ornamento, pero... ¡bah! ¡se aman! ¿para qué más? Y aún así ven aquello como una insalvable barrera.

Si existía un cielo para los perros -y otro para los periquitos, supongo-, ojalá lo haya para personas dudosas de buen corazón que no saben adecuar sus creencias a ninguno de los 'paquetes' que las religiones ofrecen. Porque se está en todo o en nada, no se es cristiano a medias, me decían. Y yo dudo. Mientras me aclaro, seguiré fiel a mi religión primera, aquella que me ayuda a convivir con la Tierra, las personas y conmigo mismo.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Voulez-vous?

Bien Mamma Mía!. Recomendada, aunque parezca mentira.



Con decir que no paro de escuchar las canciones. Eso sí, mañana más y mejor -entrada, me refiero-.

Y... sí, septiembre blogui ^^

Hace un año recorríamos el levante, entre risas, entre planes, entre sueños...